lunes, 10 de marzo de 2014

Lo dijo un soldado romano a Dios.

Estos días leí mucha payasada respecto de los docentes y es que, no cualquiera se banca la tentación de decir mu. La gente está desesperada por decir cualquier cosa sin tener la mínima idea de lo que habla porque, ante todo, hay que opinar. No importa si está bien, si está mal, si se sabe, si no se sabe. Lo importante es decir algo.

Horas más tarde apenas, estos mismos payasos, se han querido sacar a los pibes de encima con teorías dignas de la caverna de Platón:

‘Cómo van a hacer paro estos VAGOS que tienen tres meses de vacaciones al año, ¿por qué no hacen paro en enero o febrero?’.

Quizá en enero o febrero nadie los vería. Bueno, a decir verdad, el resto del año tampoco.

‘Tienen que dar clases porque lo eligieron como vocación’.

Y es que la vocación no paga las cuentas ni te hace las compras en el supermercados. Ya lo dijo Andrés: no se puede vivir del amor.

Pero unos que no ven la realidad, salvo la que les dicen en Intrusos o Infama, siguen argumentando, con total desinformación, 'los docentes piden cada vez más aumento y los pibes están cada vez más burros'. Argumento livianísimo, berreta, de señora con ruleros manejando un taxi, de unos que se olvidaron que la educación empieza por otros. EN CASA.

La educación comienza por casa, Señores y Señoras.

Recuerdo que, cuando iba a primaria, mis papás me hacían un cuaderno extra de actividades escolares. Y luego supervisaban las resoluciones. Se tomaban ese tiempo y ese trabajo.

En secundaria, lo mismo, y si no estudiaba no salía ni a la esquina porque, era lo único que debía hacer. Jamás fueron a hablar con un docente. Mucho menos a amenazarlo. Mucho menos a pegarle un balazo o tirarle un tarro de pintura en la fachada de la casa. El docente tenía la última palabra y no se discutía.

Así, me recibí con notables calificaciones, sin amenazas al docente, sin $600 y sin netbooks pero, con papás en casa, con papás que laburaban las 24 horas del día y la hora 25 la dedicaban a criar a sus cuatro hijos porque, quien me conoce, sabe que mis viejos también son docentes y que toda su vida laburaron las 24 horas del día. Ergo, sé de qué hablo, Señores y Señoras, no soy hija de Lady Di, por suerte.

Hoy, en cambio, deslindan esa responsabilidad al docente y se quejan de sus burros. Así funciona hoy.
Aunque, a juzgar por los hechos, no estaría funcionando.

Ahora, si Usted se sincera y admite que desea depositar al chico en la escuela para sacárselo de encima porque ‘no sabe más qué hacer con el’, limarse las uñas o ir al gimnasio, comprendo que no le dé para más análisis que ese, bien livianito, bien descontracté. Señores, a mí tampoco me parece que pretendan al colegio un castillito inflable solucionador de todo lo que la casa no hace, no puede, no tiene… mientras opinan desde el nazi interior desconociendo totalmente las realidades aúlicas (desastrosas en su mayoría, amen de los esfuerzos del plantel docente). No se ofendan, por favor.

La situación es que con un básico de $1812 se ha ofrecido a los docentes un 22% de aumento en tres cuotas anuales cuando, siendo marzo, la inflación ya superó ese porcentaje. Conveniente, aunque no para los bolsillos de la mayoría.

Señores padres hagan mea culpa y dejen de opinar sin informarse porque sus hijos serán más burros por su responsabilidad, no por la del docente quien, no solo hace lo que puede, sino además lo que no puede. Pero esto tampoco se ve. Ni en marzo, ni en enero, ni nunca jamás.

Lo que sí se ve y prolifera a pasos de gigante son las amenazas al docente para que EL NENE apruebe, o siga cobrando sus $600 para la joda o la falopita, o le den una netbook para que chatee en Facebook todo el horario de clases y luego vaya a su casa y diga que ‘no entiende’ las explicaciones que el docente se revienta la salud en darle, o para venderla, con fines económicos. Los entretienen con espejitos de colores y los Señores chochos aplaudiendo la payasada y hablando de lo que no saben. Felicitaciones, esto es lo que quieren, y esto es lo que tienen.

Y el docente todavía está obligado a aprobarlos, porque hoy el aula es un ámbito de contención, ya no importa si saben o no pero, los padres insisten en que sus hijos son burros. Sí Señor, sí Señora, su hijo es burro y no por culpa del docente sino de todo el sistema educativo. El docente es solo un eslabón que, la mayoría de las veces, acata lo que debe acatar, aunque pocas posibilidades tenga de cambiar algo.

¿Sabe Usted, Señor padre, Señora madre, la cantidad de evaluaciones, recuperatorios, recuperatorios de recuperatorios y horas extras (aúlicas y hogareñas) un docente dedica a que su hijo pase de año cuando a este no le interesa en lo más mínimo? No, no lo sabe porque no asiste a las reuniones, Señor, Señora. Después lloran en diciembre, después te rompen el auto en marzo.

¿Sabe Usted, Señor padre, Señora madre, las faltas de respeto de todo tipo que el docente sufre de su hijo? No, claro que no lo sabe, porque son cómplices pero, no lo culpo, eso le enseñaron, eso le inculcaron, la fácil. Y eso tiene. Si lo quiere fácil, no lo puede querer complejo. No se puede todo.

¿Sabe Usted, Señor padre, Señora madre, que el docente es el único trabajador que, luego de dictar clases durante 3,5,6,7, 10 años puede perder su lugar de trabajo sin indemnización alguna, sin saber que le depara su futuro? No, no lo sabe, porque a Usted no le interesa saberlo pero, si endilgar su responsabilidad al docente. Pero sí que el 5 de marzo su hijo le deje ver tranquilo a Rial.

‘Lo barato sale caro’, dijo una vez un Montoto pero, como nadie sabe quién es, no lo escucharon. Y hoy nos lamentamos. Nos lamentamos durmiendo la siesta debajo del olmo mientras, los responsables reales esperan que, nuevamente, las cuestiones que deben solucionarse de raíz, con decisiones, con trabajo, con una visión diferente a la negación rotunda y constante de la realidad, tengan una intervención espontánea, una salida mágica y Claudio María Dominguista.

Pero la magia no existe.

Cuando no hay límites desde todas las partes, cuando no hay responsabilidad desde todas las partes, cuando no hay un discurso uniforme desde todas las partes, difícilmente haya algo más.

A laburar y hacerse cargo, cada uno de y desde su lugar, no hay otra manera y, si la hay, el árbol no nos está dejando ver el bosque.

Todo mi respeto a los docentes con y sin título docente, a los técnicos, a los ingenieros, y a mis papás que me educaron. Y mi más sincero repudio a los habladores por boca de jarro, a los vagos, a los irresponsables, a los irrespetuosos y a los negadores de la realidad social, educativa y política del país.