Hace un mes aproximadamente, que por esas cosas del estudio y los proyectos de diseño, estoy sumida en un mar de triángulos, cuadrados, tetraminos, geometrías y oximorones.
Si, si, bien nerd el asunto.
En este sentido, e intentando humanizar las ciencias duras, tarea que me ocupo de realizar, indefectiblemente, ante la existencia de tanto filo, lámina y cuerpo volumétrico; me es inevitable pensar que el sistema generado (el cual, por razones de copia/hurto y/o derechos de privacidaT no explicaré, lamentablemente) es la mezcla de muchas pocas cosas en su perfecto orden. Es decir, una serie de sistemas simples, que, al combinarse, pueden ser tan complejos como lo sea la mente del usuario (o como lo prefiera).
O no.
Entonces, contrapongo mi sistema, de carácter infinito, con algunos sucesos transcurridos desde el comienzo del proyecto hasta la definición misma, o sea, desde el momento de decir: “okey, tengo el programa de diseño, tengo todos los croquis, tengo todos los materiales, tengo las ganas, ahora, manos a la obra”…(wiwiwiwi maquinita inyectora hace su trabajo)… hasta que el producto se materializa… ergo, aun no puedo comprender como todavía siguen existiendo (g)entes que, mientras todo esto sucede, mientras se dan las explicaciones, mientras se redunda en formalismos… etcétera de vueltas de la calesita… me ACUSEN de hablar RARO.
Si viviera en la época de las cavernas, agarraría un palo, y erradicaría del ecosistema a los chanchos.
Pero, como estoy transitando el Siglo 21, iré por la vía pacífica de las margaritas una vez más.
(Según Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe):
RARO, RA:
1. adj. Extraordinario, singular, poco común o frecuente.
2. Escaso en su clase o especie.
3. De comportamiento e ideas extravagantes.
Gracias a Espasa Calpe entonces, podemos concluir que la palabra RARO/RA lejos de ser peyorativa, genera un PLUS.
¡UN PLUS!
(por eso me sonrío)
Entonces uní con flechas los dos asuntos, e imaginé que las palabras, tanto como las fichas de un juego didáctico, se van apilando en forma de construcción y está en uno, acomodarlas de la mejor manera posible (o de la manera que se nos ocurra, apelando siempre a nuestra creatividad) para darles ALGÚN sentido. No así PRETENDER que el interlocutor, además de estar dedicado a lo que le corresponde, genere CONSTANTEMENTE una traducción cada vez que dice algo, porque el receptor no tiene la capacidad de juntar dos barras y obtener una letra L de “La Volpe vos también la tenés adentro”.
Si, si, bien nerd el asunto.
En este sentido, e intentando humanizar las ciencias duras, tarea que me ocupo de realizar, indefectiblemente, ante la existencia de tanto filo, lámina y cuerpo volumétrico; me es inevitable pensar que el sistema generado (el cual, por razones de copia/hurto y/o derechos de privacidaT no explicaré, lamentablemente) es la mezcla de muchas pocas cosas en su perfecto orden. Es decir, una serie de sistemas simples, que, al combinarse, pueden ser tan complejos como lo sea la mente del usuario (o como lo prefiera).
O no.
Entonces, contrapongo mi sistema, de carácter infinito, con algunos sucesos transcurridos desde el comienzo del proyecto hasta la definición misma, o sea, desde el momento de decir: “okey, tengo el programa de diseño, tengo todos los croquis, tengo todos los materiales, tengo las ganas, ahora, manos a la obra”…(wiwiwiwi maquinita inyectora hace su trabajo)… hasta que el producto se materializa… ergo, aun no puedo comprender como todavía siguen existiendo (g)entes que, mientras todo esto sucede, mientras se dan las explicaciones, mientras se redunda en formalismos… etcétera de vueltas de la calesita… me ACUSEN de hablar RARO.
Si viviera en la época de las cavernas, agarraría un palo, y erradicaría del ecosistema a los chanchos.
Pero, como estoy transitando el Siglo 21, iré por la vía pacífica de las margaritas una vez más.
(Según Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe):
RARO, RA:
1. adj. Extraordinario, singular, poco común o frecuente.
2. Escaso en su clase o especie.
3. De comportamiento e ideas extravagantes.
Gracias a Espasa Calpe entonces, podemos concluir que la palabra RARO/RA lejos de ser peyorativa, genera un PLUS.
¡UN PLUS!
(por eso me sonrío)
Entonces uní con flechas los dos asuntos, e imaginé que las palabras, tanto como las fichas de un juego didáctico, se van apilando en forma de construcción y está en uno, acomodarlas de la mejor manera posible (o de la manera que se nos ocurra, apelando siempre a nuestra creatividad) para darles ALGÚN sentido. No así PRETENDER que el interlocutor, además de estar dedicado a lo que le corresponde, genere CONSTANTEMENTE una traducción cada vez que dice algo, porque el receptor no tiene la capacidad de juntar dos barras y obtener una letra L de “La Volpe vos también la tenés adentro”.
Siempre, en cualquier caso, convendrá autogestionarnos y aprender que porque se manifiesten supuestas caras RARAS o se hable EXTRAÑO, el escucha NO estará exento de compromisos para con esas fisonomías ANÓMALAS o léxico INSÓLITO.
Otra de las variables a contemplar indica que nuestro sistema estará acotado por la cantidad de piezas que tengamos al momento de la construcción: “¡mami, mami comprame 5 sistemas así tengo mas fichitas!” podría ser una opción. Al igual que leer un Billiken (o un Pequeño Larousse, ustedes eligen) durante los minutos que le dedicamos al vaciamiento de intestinos; para ir así generando un vocabulario acorde a los números troquelados que acusan en el DNI/LC/LE y no llegar a tener títulos técnicos o ingenieriles desconociendo que existen otras áreas, como la cultura general, las letras, la historia y todas esas “pavadas”, como también tuve que escuchar decir a un IGNORANTE, dando lugar a un ERROR en el movimiento de piezas, lo cual puede contribuir a un desmoronamiento de la estructura (material o mental, da igual).
(Según Wikipedia)
IGNORANTE: Ausencia de conocimiento: “no saber algo determinado”, frente al conocimiento de otras muchas cosas o “tener un conocimiento imperfecto sobre…”
Otra de las variables a contemplar indica que nuestro sistema estará acotado por la cantidad de piezas que tengamos al momento de la construcción: “¡mami, mami comprame 5 sistemas así tengo mas fichitas!” podría ser una opción. Al igual que leer un Billiken (o un Pequeño Larousse, ustedes eligen) durante los minutos que le dedicamos al vaciamiento de intestinos; para ir así generando un vocabulario acorde a los números troquelados que acusan en el DNI/LC/LE y no llegar a tener títulos técnicos o ingenieriles desconociendo que existen otras áreas, como la cultura general, las letras, la historia y todas esas “pavadas”, como también tuve que escuchar decir a un IGNORANTE, dando lugar a un ERROR en el movimiento de piezas, lo cual puede contribuir a un desmoronamiento de la estructura (material o mental, da igual).
(Según Wikipedia)
IGNORANTE: Ausencia de conocimiento: “no saber algo determinado”, frente al conocimiento de otras muchas cosas o “tener un conocimiento imperfecto sobre…”
(Gracias Wikipedia)
Nota: Lógicamente TODOS somos ignorantes en algún punto. Pero, acusar a otro de la propia ignorancia es ubicarse en un estrato superior al de ser un Boludo con B de Burro.
De manera que, quienes reaccionan rápido a los estímulos porque fueron dotados de un “interés general” o “movimiento de glúteos acelerado” cuando algo les llama la atención, corren con ventaja, porque podrán sortear las responsabilidades que imponga la vida, a medida que pasen los años y, a su vez, ir completando el bagaje, para no oxidarnos, para movernos por donde mejor nos quepa, sabiendo que quizás erremos tantísimas oportunidades, porque errar es humano, pero que siempre tendremos la diplomacia para buscar el bien sin pegar un cachetazo, sino con una caricia, generando un camino mas suave al cual podremos adaptarnos, sabiendo que disponemos de las fichitas y de la cabeza (de arriba) para armar la estructura más FANTÁSTICA que se nos ocurra, comer chicle, cruzar la calle y saltar el charquito… mientras otros/as, ELIJEN dejar las fichas tiradas por todos lados, tropezarse y quebrarse las dos gambas.