Como todos saben, andreita, a pesar de tener un blog, tiene una vida, allá afuera donde a veces llueve y otras veces sale el sol, que pocas veces divulgo en este espacio, por timidéz o bien por preservar un poco la intimidad que por estos lados no abunda/se confunde, pero que muchas otras, aun sin querer, se escapan entre las letras, y es que en ciertas ocasiones se torna imposible ocultar ciertas cuestiones, ciertas felicidades, emociones y/o tristezas, porque como me dijo mi ¿amigo? JP: “está todo mezclado”.
Este será el caso, ya que el fin de semana recibí un mensaje que me pegó fuerte, por la persona que lo envía, por el texto mismo, por el amor que nos tenemos mutuamente y porque, como bien relaté en millones de oportunidades, me subyugo ante los afectos.
María Lina es una chica muy especial, ya desde su nombre por cierto. Cuántas “Marías Linas” conocen? Yo solo una, mi mejor amiga desde chica, desde la primaria más precisamente. La conocí en el Club, ambas practicábamos el mismo deporte, básquet, en uno de los clubes más importantes de la ciudad –en aquel momento- Ben Hur de Rafaela.
El hemano de Maria, Nico, hacía conmigo la primaria ya que teníamos la misma edad, y ella, iba un año menos. Le llevo 11 meses exactos, por lo cual, ya la conocía de vista cuando la vi el primer día de práctica en el Club.
Ella entrenaba, desde unos años antes que yo, entonces, en algún momento de “libres” previo a comenzar el entrenamiento con los profes Juan y Daniel, me acerco y le pregunto, tímidamente y a sabiendas de lo que hacía: “hola, vos sos la hermana de Nico?” a lo cual ella, con su caracúlico rostro de ojos celestes y piel bronceada de un verano q se acababa de retirar, me contestó un escuetísimo y rotundo: “si”.
Evidentemente no era la persona más sociable del Universo, súper seria ella, en su vida se arrugaría, suponía mientras la observaba, pero a mi me caía bien, y no encuentro suficientes motivos para explicarlo, creo que era piel, simplemente eso.
Ese fue el primer diálogo, de una inmensidad de ellos, desde el primer momento, compartimos recreos escolares, salidas, tristezas, alegrías, y un sinfín de sensaciones. Durante cierto tiempo fuimos íntimas amigas.
Me iba a buscar cada día a las 18.20 a la salida de mi primer año de "La Técnica", que quedaba a dos cuadras de la Escuela Alberdi, donde ella hacía su séptimo grado. Íbamos a la casa, tomábamos la leche y luego pasábamos horas y horas en el Club, primero con nuestra práctica y luego mirando las prácticas del TNA (Torneo Nacional de Ascenso), babeándonos con los culos de los jugadores, como corresponde.
La pasábamos bomba juntas, teníamos cientos de amigos en el Club, algún que otro huesito de turno, y además éramos fans de los partidos del ascenso –incluso fuimos partícipes del día que Ben Hur ascendió a la Liga Nacional de Básquet- fiestas verdaderamente, que no nos perdíamos ni aun se abriera al medio el techo del estadio de calle Saavedra y cayeran vigorizas de punta.
Juntas a todos lados, por el placer de compartir, simplemente.
Un día, un par de años después, me comentó que su familia estaba pensando en irse a España, con la ayuda del hermano de la madre, que vivía allí pero que los trámites eran largos, por lo cual el destino de ellos era incierto, mientras tanto yo empezaba a lamentarme, ambas nos lamentábamos, hablábamos de aquella situación muy pocas veces, casi nunca a decir verdad, es que ninguna quería hacerlo, ni adelantar el final, supongo.
De todos modos, Maria y Nico se aprontaron a rendir materias de la secundaria adelantadas, e hicieron dos años en uno, para cuando llegara el pasaporte pudieran irse, con los estudios completos, por lo menos.
Nico terminó, y en sus ratos libres tocaba la guitarra, se notaba que le gustaba, pasaba horas y horas con su nueva guitarra eléctrica y, de paso, nos musicalizaba las tardes de lectura de cuanta revista donde salieran los Backstreet Boys encontráramos, si, unas pelotudas totales. Hoy día es un excelso solista de guitarra. Un grosso, el pibe.
Maria nunca terminó la secundaria, por vaga, supongo.
Sin embargo también le gustaba la música, y tenía su guitarra, salvo que mientras yo escuchaba música latina, ella me llevaba por cuanto antro de rock existiera, me hacia escuchar Metallica, La Renga, Los Piojos, Korn, Green Day, Los –ya extintos- Caballeros de la Quema, La Bersuit, Catupecu Machu y toda bandita de Rock nacional o internacional se cruzara por su camino, mientras yo recibía de regalo mi primer CD de las Spice Girls.
Éramos opuestas, SOMOS distintas, pero completamente diferentes, somos el ying y el yang, y así supimos complementarnos a cada rato, en todo momento.
Frecuentábamos un Bar, LA MULA BAR, un antro horroroso, donde se junta gente de Rock y se la pasa de maravillas, al cual de no haber sido por ella, no hubiese entrado jamás e incluso todavía, a veces, cuando no la extraño tanto, concurro, pero claro, sin ella no es lo mismo.
Allí pasábamos todo nuestro fin de semana prácticamente. A veces los viernes, otras veces los sábados, tocaban algunas bandas locales a las cuales hacíamos el aguante e incluso llegamos a hacernos buenos amigos de algunos de los chicos.
Hicimos fiestas allí, sus quince años los festejamos entre muy poquitas personas en el Bar, donde Maria bailó su vals con el tema “Nothing Else Matters” de Metallica con la Sinfónica “de no se donde” (?) que, por repetición, me terminó gustando. Luego, hubo una fiesta para la masa en general, en una quinta, algún 5 de diciembre del año 2000. Fue la primera vez que la vi con vestido y maquillada. Y creo que la única.
Lo que me costaba hacerla maquillarse, o ponerse una pollera!!! Ufff!!! Ir a la guerra de Irak era poco ante la necesidad imperiosa de ayudarla con un Extreme Makeover. Decí que era bonita, ES BONITA, entonces las remeras de Korn y Green Day + su cara de tujes no le restaban nada.
Nuevamente las diferencias, diferencias que nos seguían uniendo, y que jamás alcanzaron para separarnos, eran un imán.
Vinieron así más días de Bar. A Maria -léase con acento en la a- no le gustaba el boliche y a mi no me molestaba no ir así que no íbamos, punto.
También -para ella- vinieron más amigos, como bien supuse el día que la conocí, era, ES una tipa especial, a la cual le presenté a todo mi grupo de amigos. Nunca me voy a olvidar el primer día que la llevé a la casa de Mauri, donde cuando apenas llegamos no se animaba a entrar, se quería ir… estuve un buen rato tratando de convencerla de que estaba todo bien, de que los chicos eran unos copados y que además la habían invitado, luego salió Mauri y me ahorró el trabajo, porque empezó a decir boludeces, las mismas q dice siempre y que ya todos conocíamos, menos ella, que obviamente no se pudo escapar… y así dejamos de ser un dúo dinámico para convertirnos en una banda loca. La pasábamos bien… que bien que la pasábamos!
Y luego de muchos amagues llegaron los días de partidas, primero se fueron la mamá y Nico, luego, unos meses después, el papá y Maria. Y es que tenían que vender la casa, así que se fueron en tandas. Recuerdo ese día con un dolor enorme, recuerdo haberle escrito una carta, con dibujitos y letras recortadas de revistas, con mil pelotudeces, porque todos saben ya la capacidad de boludez en cadena de la que estoy dotada, y que me hago la dura pero en el fondo tengo un corazón, y me dolía que mi amiga, mi única amiga mujer, con la cual compartí la mejor etapa de mi vida y sin la cual concebía un solo día de ella, se iba.
Contenta por su futuro en algún país Europeo, pero mi cuotita de egoísmo no la soltaba.
Seis años hace que no la veo, seis o siete años completos, que se yo cuantos, ya perdí la cuenta… en donde la vida siguió, cambió, nos trajo cosas buenas y otras muy de mierda… en donde ambas crecimos, y jamás perdimos el contacto.
Pensaba que eso es BUENO, pensaba que eso es GENIAL. No haber llegado a la etapa de decir: “que será de la vida de…?” porque no fue una más, porque NO ES UNA MÁS. Cuántas personas abandonamos en jardín, en preescolar, en la primaria, en el Club, en la secundaria… que viven a una cuadra o dos o tres de casa y jamás volvimos a ver? Muchas… muchísimas personas se van por el tobogán de la vida. Y ella no se fue.
No será lo ideal, pero sigue estando ahí. Y yo sigo estando acá.
Pensaba también el peso que tienen algunas cosas/personas, todo este testamento fue disparado por un mensaje de ella, escuetísimo y rotundo, ergo, coherente, como aquella primera vez que entablé diálogo: “te extraño, bastante últimamente”.
Y yo también la extraño, cada día que pasa, cada vez que se me cuela un recuerdo de esa época, en cada calle donde caminamos juntas, porque sigo caminándolas a diario, en el mismo lugar, cada vez que entro donde su casa -porque el destino quiso que mi modista viviera allí y se me quede duro todo el cuerpo fantaseando que bajará por esa escalera caracol que conducía a su habitación- cada vez que voy al Bar, o a jugar un 21 con los chicos del Club, cada vez que escucho su legado de CDs, aquellos que me dejó cuando se fue porque “no iba a llevarse todo eso, donde lo iba a meter?” y tengo guardados como un tesoro, cada día que veo a mis amigos, hoy todos grandes y algunos con sus propias familias incluso… y por miles de motivos más, que no terminaría de detallar nunca.
Aparentemente en el verano –verano argentino- la veo, aparentemente digo, porque ambas tenemos horarios y vidas complejas que no son fáciles de acomodar para subirnos a un avión cuando se nos antoje. Ojalá así sea, ojalá, porque a veces las palabras sobran y los abrazos hacen falta.